Imagínese que le dijeran que ya no puede cultivar patatas, lentejas, judías o incluso trigo en su jardín. Suena absurdo, pero este es precisamente el tipo de restricción que podría convertirse en ley europea si las negociaciones en curso sobre la regulación de semillas fracasan.
De hecho, actualmente se están definiendo nuevas normas a nivel europeo para actualizar y armonizar la legislación sobre la producción y comercialización de semillas y otros materiales de reproducción vegetal (MRP), como plántulas o esquejes. El marco actual es un mosaico de más de diez leyes, algunas que datan de la década de 1960, aplicadas de forma inconsistente en los distintos Estados miembros. Por lo tanto, se ha vuelto necesario un cambio radical en el sistema, y lo que está en juego es mucho: la nueva regulación podría contribuir a revertir la drástica pérdida de biodiversidad agrícola o acelerarla.
Las negociaciones finales, conocidas como «Trilogos», en las que la Comisión Europea, el Parlamento y el Consejo buscan compromisos entre sus respectivas posiciones, están generando gran preocupación entre agricultores, obtentores de variedades ecológicas, empresas de semillas y redes de conservación de semillas.

