El uso de agrotóxicos se incrementó un 1600 por ciento en la Argentina y el gobierno de Milei liberó su regulación a contramano de las investigaciones científicas que prueban la contaminación en suelo, agua y aire. Mientras los legisladores promueven fumigar a metros de las casas y la explosión en Ezeiza evidenció el peligro de convivir con químicos, solo la lucha social y la ciencia digna continúan construyendo jurisprudencia y alternativas para proteger la salud y el ambiente.
Por Anabel Pomar
"¡Basta de venenos!", es el grito global que reúne, cada 3 de diciembre, a organizaciones de todo el mundo en el Día Internacional del No uso de Plaguicidas. La fecha recuerda a las miles de víctimas del modelo tóxico en Bhopal, India, donde en la medianoche del 2 de diciembre de 1984, cerca de 27 toneladas del gas letal isocianato de metilo (MIC) se filtraron a la atmósfera desde una planta de plaguicidas —con control mayoritario de la estadounidense Union Carbide (actual Dow Chemical)—. Más de 570.000 personas estuvieron expuestas a niveles dañinos de gas tóxico y se calcula que hasta 10.000 personas murieron en los tres días posteriores.
Aquel hecho aún sigue impune y quienes sobrevivieron desarrollaron una amplia gama de enfermedades crónicas y debilitantes causadas por la exposición al gas, incluyendo afecciones respiratorias, enfermedades oculares, deterioro del sistema inmunitario, daños neurológicos y neuromusculares, cáncer, trastornos ginecológicos y problemas de salud mental, además de abortos espontáneos y el nacimiento de niños con malformaciones congénitas.
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