La ofensiva de las corporaciones biotecnológicas sobre las semillas no se detiene. Hoy, bajo nuevos nombres y discursos de “innovación”, intentan imponer en Chile los cultivos editados genéticamente como si fueran semillas convencionales, ocultando los riesgos ambientales, sociales y políticos que implican para la agricultura campesina y los pueblos.
Las llamadas Nuevas Técnicas Genómicas (NTG), promovidas por las empresas y respaldadas por sectores del agronegocio, buscan avanzar sin regulaciones estrictas, sin participación real de las comunidades y sin evaluaciones independientes que consideren sus impactos sobre la biodiversidad y la soberanía alimentaria.
En Chile, organizaciones campesinas, ambientales y de la sociedad civil han denunciado el actuar del Servicio Agrícola y Ganadero (SAG), cuestionando la falta de rigor científico y la ausencia de procesos democráticos en la regulación de cultivos editados genéticamente. Según denuncian, el objetivo es abrir el camino para que estas semillas ingresen al mercado sin ser consideradas transgénicas, evitando así controles, etiquetado y evaluaciones más profundas.
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