Fortunato Esquivel *
Al terminar
este año 2012 los autodenominados grandes productores de alimentos
agrícolas se esforzaron como nunca en convencer al pueblo sobre la
“urgente” necesidad de incursionar en el uso de la biotecnología para
producir en mayores proporciones. En otras palabras, intentaron imponer
su criterio de utilizar semillas genéticamente modificadas, para
producir alimentos “transgénicos”.
Históricamente los grandes inventos
científicos siempre fueron destinados inicialmente a los ricos y mucho
después a los pobres. En el caso presente, es la primera vez que un gran
invento es destinado inicialmente a los pobres, “los alimentos
transgénicos”. ¿Por qué será? Un conocido refrán dice que: “Cuando la
limosna es muy grande, hasta el santo sospecha”.
Cuando
en 1879 la luz eléctrica hizo su presencia, los más ricos aprovecharon
inicialmente sus virtudes. Los más pobres no tienen hasta hoy ese
beneficio en los tugurios de las ciudades y en las aldeas alejadas de
nuestro continente y otros. Lo mismo ocurrió con trenes, automóviles,
teléfonos y aviones. Los pobres siguen a pie