Nicolás Alvarez G. - Matrizur.org
En estos últimos años, pero especialmente los dos últimos, la presidenta Cristina Fernández ha repetido innumerables veces la importancia de seguir la senda de la aplicación de ciencia y tecnología para crear valor agregado en los productos primarios y por ende, trabajo para la inclusión social.
En este objetivo se instruyó en todo momento al Ministro de ciencia y tecnología, Lino Barañao, a que implementara políticas que propicien la innovación nacional desde el campo de la investigación científica.
El modelo vendido a la presidente y abogada Cristina Kirchner fue el implementado por medio del Conicet y la Agencia nacional de Ciencia y Tecnología basado en la protección mediante patentes de los resultados de las innovaciones logradas por científicos y tecnólogos argentinos y financiados por medio de créditos del BID con fondos específicos orientados a desarrollos supuestamente autóctonos e indepedendientes de toda influencia extranjera.
Sin embargo, y de acuerdo a información volcada por el INTA lego del intento de los fondos buitres por expropiar las patentes "argentinas" en Estados Unidos; de las 14 patentes presentadas por el Conicet en la Oficina de Marcas y Patentes de ese país, 13 están relacionadas a innovaciones de semillas transgénicas adaptadas a suelos nacionales y otras tantas en procesos de desarrollo.