Provocó un punto de inflexión en el modelo productivo de Argentina y fue
cabeza de playa para los transgénicos en el Cono Sur. En un trámite
exprés, alineado con Estados Unidos y Monsanto, el gobierno de Carlos
Menem aprobó la semilla de soja transgénica que en poco tiempo sería
monocultivo y, casi, monocultura. Miles de familias desalojadas de sus
territorios, millones de hectáreas arrasadas, epidemias de enfermedades
vía agrotóxicos y, también, la persistencia de sembrar otro modelo. Tres
décadas de modelo transgénico.
Por Darío Aranda
Miles de millones de dólares. Es el aspecto que destacan los impulsores del modelo de agronegocio, con la soja transgénica como estandarte. Del otro lado de la balanza: epidemias de enfermedades en territorios fumigados con agrotóxicos, concentración de tierras en pocas manos, desaparición de 83.000 de pequeñas y medianas chacras, destierro de miles de familias rurales, ocho millones de hectáreas de bosque nativo arrasados, contaminación de agua, aire y tierra. Y, a pesar de todo, la decisión colectiva de organizarse, exigir justicia, sembrar vida y, en definitiva, construir territorios de dignidad.
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