Allí donde se ha implantado,
el cultivo de transgénicos se asocia con un incremento exponencial en
el uso de herbicidas, la expansión de monocultivos y un aumento en los
costes a lo largo de la cadena alimentaria. Los impactos sociales,
ambientales y económicos son graves. Contribuyen a que pequeños
campesinos y campesinas pierdan sus tierras y su modo de vida, al tiempo
que fracasan en aliviar la pobreza.
La oposición ciudadana ha
conseguido que los cultivos transgénicos no se extiendan por Europa. Se
siembra tan solo un poco de maíz transgénico, casi todo en España, para
producción de piensos. Sin embargo, la agroindustria ha solicitado la
aprobación de docenas de nuevos cultivos transgénicos en la Unión
Europea, y la Comisión someterá a consideración este año la aprobación
de 25 nuevos transgénicos para su cultivo.