La sociedad
capitalista intenta ponerle precio a todo. Cualquier cosa puede ser
transformado en una mercancía: el alimento, el agua, la música, la
salud, el tiempo, la educación... y podríamos seguir hasta cansarnos. La
propiedad privada alcanza incluso las ideas y el conocimiento, hoy en
día hasta un código genético puede ser propiedad de una transnacional.
Cuando se inserta ese código genético en cualquier ser vivo, este pasa
automáticamente a ser propiedad de esta transnacional, es lo que sucede
actualmente con muchas semillas que son plantadas en el planeta.
Monsanto y otras empresas han desarrollado semillas genéticas y las han
dispersado por todo el mundo, los Estados han sido cómplices de imponer a
millones de campesinos la utilización de estas semillas. El resultado
es la eliminación de la diversidad genética en nuestros cultivos, la
esclavitud laboral y la contaminación de diversos territorios. Durante
milenios la humanidad fue generando a través de cruzas entre especies
vegetales los diferentes cultivos alimenticios que tenemos en la
actualidad, el maiz que comemos es producto del trabajo de millones de
seres humanos que crearon durante miles de años esos cultivos mediante
la agricultura selectiva. Es un enorme tesoro y conocimiento, con una
gran biodiversidad involucrada. Hoy en día empresas como Monsanto se
están apropiando de ese conocimiento que le pertenece a la humanidad,
insertando sus genes en esos vegetales que fueron formados por el
trabajo histórico de la humanidad. Es la lógica del capitalismo, todo es
mercancía, y cuando decimos todo, nos referimos a TODO.
Periodista
y activista, es autora del libro “Chile: la semilla campesina en
peligro” en conjunto con la Red de Acción en Plaguicidas y sus
Alternativas para América Latina (RAP-AL). Lucía Sepúlveda, revela
detalles y “aterriza” la discusión frente al actual escenario de la
transgenia en el país.