Por Rodrigo Bernardo Ortega Noviembre 2020
Hasta hace muy poco tiempo se conoció de un ciberataque dirigido en contra de las Naciones Unidas en el verano de 2.019. Aunque intentó mantenerse en el anonimato, se pudo conocer que los servidores de la red informática de la ONU en Ginebra y Viena sufrieron sendos ataques cibernéticos, en particular las oficinas dedicadas a la protección de los derechos humanos y el departamento de recursos humanos.
El representante de la organización, Stéphane Dujarric, dijo con muchos titubeos que no se informó a la opinión pública del suceso pues no se logró determinar con precisión los alcances de las acciones. Sin embargo, hay mucho por esclarecer en esta circunstancia y suena más a excusa que cualquier otra cosa las declaraciones del alto funcionario. Al margen del acontecimiento, el ataque a la ONU, habla de una nueva dinámica a la que estaremos abocados en los próximos años: un escenario de confrontación cibernética. Por supuesto, este tipo de temáticas despierta suspicacias por parte de diversos actores, entre ellos, el gobierno de los Estados Unidos, siempre tan atento en la reconfiguración de escenarios de disputa geopolítica.
