El Tribunal de Justicia de la Unión Europea ha puesto un punto firme sobre la cuestión de los organismos genéticamente modificados: Los Estados miembros tienen pleno derecho a prohibir el cultivo de OMG en su territorio, incluso cuando ya están autorizados a nivel europeo.
El fallo llega después de años de batallas legales y reconoce que el cultivo de OGM no es sólo una cuestión técnico-científica, sino que toca dimensiones profundamente ligadas al uso de la tierra, las estructuras agrícolas y la protección de los ecosistemas locales.
El caso que llevó a la sentencia
Todo surge del atractivo de un agricultor friulano que había cultivado maíz MON 810 – una variedad genéticamente modificada producida por Monsanto – . Las autoridades habían ordenado la destrucción de los cultivos y habían impuesto multas de 50.000 euros.
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