Por: Rodrigo Bernardo Ortega Diciembre 2.019

Desde
la disolución de la Unión Soviética, las relaciones de Ucrania y
Rusia fueron fundamentales para la creación de organizaciones de
cooperación política y comercial. Todo esto se justificaba, desde
luego, por los estrechos lazos que unían históricamente a ambas
naciones. Sin embargo, desde los primeros años del nuevo siglo, la
influencia de la Unión Europea fue incrementándose al punto que
logró boicotear la hermandad ruso-ucraniana. Las protestas de 2014 y
el posterior conflicto civil en el oriente de Ucrania, desencadenaron
una serie de consecuencias que tienen repercusiones en la actualidad.
Una de ellas es la crisis económica por la que atraviesa Kiev, hecho
que ha sido una clara demostración de su impotencia en la esfera de
las relaciones comerciales y económicas. En efecto, el gobierno
ucraniano no ha podido sortear la difícil situación e incluso su
“fantástico” presidente, Volodomyr Zelensky, no ha implementado
la mágica solución que prometió en campaña para hacerle frente a
la crisis.