domingo, 9 de junio de 2013

Alimentos ‘disfrazados’ en la dieta del panameño

MIRTA RODRÍGUEZ   -  mrodriguez@laestrella.com.pa
 
Sin etiquetas, sin trazabilidad y de origen dudoso. Así son algunos de los alimentos que consumimos, de los que se desconoce si poseen componentes transgénicos. Panamá aún no tiene una normativa
 
Alimentos ‘disfrazados’ en la dieta del panameño
CONTROVERSIAS. En la actualidad, existen fuertes controversias en cuanto a la seguridad y conveniencia (o no) de los Organismos Genéticamente Modificados (OGM), en especial las plantas y animales.

2013-06-09 — 12:00:00 AM

En menos de nueve días el Gobierno definirá si Panamá permite o no la producción de maíz transgénico para consumo humano. El debate se da sin que exista una normativa sobre el etiquetado de los productos para conocer su procedencia y composición, en medio de la polémica que existe a nivel mundial sobre los transgénicos y las posibles repercusiones para la salud, la agricultura y los ecosistemas que estos pueden causar.

En Panamá, el 90% del maíz que se importa es transgénico, y muchos de los productos elaborados para el consumo humano que vienen de afuera pueden con tener Organismos Genéticamente Modificados (OGM). Hoy en día no existe un control sobre estos alimentos.


En agosto de este año está previsto que se siembren las primeras 2,300 hectáreas de maíz transgénico en Los Santos; esta será la primera cosecha para consumo humano. En la mayoría de los países sólo se usa para alimento animal, por lo que los OGM también llegan a la mesa de forma indirecta. ¿El argumento? Es más barato.

TRANSGÉNICOS A LA CARTA

El próximo 18 de junio el equipo del Comisión Nacional de Bioseguridad, integrado por 12 departamentos del Estado, evaluará si se da luz verde a la producción de OGM para consumo humano, según manifestó la directora del Departamento de Protección de Alimentos del (MINSA), Anaís Vargas.

El ministro de Desarrollo Agropecuario (MIDA), Óscar Osorio, se muestra muy entusiasmado con este proyecto, ya que considera que esto permitirá menos importación y beneficiará así la economía del sector agrícola. ‘La mayor parte del maíz que se importa es transgénico, y aquí ya se produce también una variedad de arroz modificado’, expresó Osorio, que remarcó que esta innovación supondrá un ahorro en la importación para Panamá. ‘Estoy casi seguro de que la mayoría del aceite de soya que viene de afuera contiene organismos transgénicos’, añadió.

Para Humberto Bermúdez, representante de la Dirección Nacional para la Importación de Alimentos (AUPSA), el problema radica en que ‘en el etiquetado no se especifica si contienen sustancias transgénicas o no, por lo tanto no existe una normativa’. Úrsula Kiener, representante de la Comisión de Asuntos Agropecuarios de la Apede, señala que en ocasiones se comercializan ‘disfrazados’ con el nombre de otras sustancias.

En Panamá se consumen 10 millones de quintales de maíz al año. Sólo 2 de ellos se producen en el país. Del resto, se desconoce si son transgénicos o no, ya que en algunos de los países de donde se importa están permitiendo este tipo de cultivo. Ninguno de ellos está correctamente etiquetado.

Se estima que más del 85% de los productos que uno compra en el supermercado panameño contienen OGM. Hay varios cereales de marcas reconocidas, como Nestlé o Kellogg’s, compuestas de maíz transgénico, que se comercializan en Panamá y que el año pasado fueron retirados del mercado, por los riesgos a la salud. Según Kiener, todavía ‘no hay manera de saber qué efectos pueden tener sobre la salud de la población’.

Hasta el momento la ley sólo permite la importación del maíz transgénico para el consumo animal, y aunque la empresa Piooner recibió la licencia para importar semillas de maíz transgénico en agosto del año pasado, oficialmente todavía no existen cultivos de este tipo en el país.

ETIQUETADO DEFICIENTE

62 países ya exigen eti quetado, y muchos otros como Costa Rica, México o Perú, han optado por prohibir de forma parcial o total el cultivo de estas semillas después de tener problemas con los mismos. En Panamá, la política sobre transgénicos está a expensas de la legislación internacional, primero con el Protocolo de Kyoto, y con el Tratado de Cartagena sobre de Bioseguridad después, que entró en vigor en 2003.

Sin embargo, ese retardo legal le costó a Panamá que empresas como AquaBounty, que fue rechazada en España, se instalara en el istmo, donde no se encontró ninguna traba legal para producir salmón genéticamente modificado.

Si se aprueba la nueva normativa, el maíz transgénico podría venderse en cualquier tienda, mercado o kiosko sin especificar su origen y sin un control que regule el etiquetado. ‘La gente no sabe leer etiquetas y come productos todos los días con ingredientes artificiales que son muy malos para uno’, señala Kiener, que insiste en que el maíz modificado se encuentra hasta en las baterías y los pampers.

SIN GARANTÍAS

‘La crisis de los alimentos es una crisis real, y con todas las prácticas que realizamos, los ingenieros y agricultores sometemos a la agricultura a ser más eficaz, pero nada de lo que hace el hombre a la naturaleza es sostenible en el tiempo’. Para el ingeniero Román Gordón, responsable del proyecto de evaluación del maíz transgénico del Instituto de Investigación Agropecuaria (IDIAP), los trans génicos ‘no son la solución, son sólo una ayuda’. ‘La seguridad alimentaria está pendiente del rendimiento, y aunque la sociedad está pidiendo a gritos entrar en la era de los productos orgánicos, estos generan menos rendimiento, y el precio sube’, añade.

Al igual que muchas organizaciones internacionales, los defensores de la producción orgánica argumentan que a nivel mundial, un tercio de la comida se desperdicia, por lo que consideran que ‘la razón del hambre mundial es otra’. ‘La biotecnología pudo haber sido algo bueno, pero se está utilizando como excusa para controlar los alimentos en el mundo, y aquí en Panamá van a terminar destrozando lo poco que queda de la agricultura –dice Kiener–. Lo venden como la ‘salvación’ para combatir las plagas, pero la naturaleza es sabia y está mutando, y las plagas se vuelven superplagas. Además, erosionan el suelo, aún más que la agricultura convencional’. El año pasado, Estados Unidos tuvo que afrontar una plaga masiva de un escarabajo gigante que atacaba al maíz transgénico.

Aunque todavía no ha sido del todo probado, los nuevos organismos transgénicos han provocado efectos indeseadas en los consumidores, como el afloramiento de alergias o la resistencia a antibióticos, además de su interacción en los ecosistemas, provocando la muerte de insectos o contaminación otras especies de maíz.

DEBATE ABIERTO

El problema con los transgénicos —según Gordón— es el mal uso que se haga de ellos, ya que puede generar mutaciones y no existen garantías de que se respeten los protocolos de seguridad. Lo mismo sucedió con los insecticidas, el primer gran desarrollo tecnológico para combatir las plagas, recuerda. ‘Hoy en día hay más de 30 productos agroquímicos que no se pueden utilizar porque el hombre ya los manipuló y la naturaleza creó resistencia y nuevos superinsectos. Si los transgénicos se usan mal, lo vamos a pagar, pero eso no significa que sean malos en sí, lo que puede ser nocivo es un mal uso de ellos’.

Por ejemplo, Gordón señala que en ocasiones los agricultores quieren exprimir el rendimiento y sacan una segunda siembra del cultivo modificado, aunque eso está prohibido. Además, el polen del maíz viaja 200 metros, y no siempre se cumple la distancia regla mentaria de dejar el doble de espacio entre cultivo y cultivo, por lo que en ocasiones poliniza otros campos. En este sentido, Kiener incide en que las empresas productoras de semillas transgénicas han creado patentes de propiedad intelectual con sus productos, por lo que los campos vecinos contaminados son susceptibles de ser denunciados.

‘La agricultura está llena de cosas buenas y malas. Los transgénicos no son malos, son un avance de la ciencia, el problema es el mal uso que se haga de ellos. No contaminan más que los híbridos que se emplean actualmente, y ya estábamos creando superplagas antes de los transgénicos. De por sí, la naturaleza crea transgénicos de forma natural –concluye Gordón–. Pero toda presión extra sobre la naturaleza es contraproducente; y cuanto antes se aclare el debate más se podrá estudiar y controlar sus efectos tanto directos como a través del consumo de ani males con seguridad’. El debate está abierto, pero sólo quedan 9 días para decidir.




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